Marco incomparable

Sobre la distancia conceptual entre clínicos y patólogos ya se ha hablado en este blog (Marte, Venus, Mercurio y Urano). El comentario ahora es desde otro punto de vista y aunque aparente ser sobre veterinarios clínicos y patólogos tiene más bien que ver con nuestra profesión en general.

Cuando clínicos y patólogos comentamos el resultado de un examen histopatológico, la adecuación que hacemos al nivel de interlocución es muy variable. Siempre es una incógnita cuando descolgamos el teléfono. Podemos pasar desde casos en que el veterinario nos pide identificar un subtipo muy particular de neoplasia, p.e. -¿ puede tratarse de un sarcoma histiocítico hemofagocítico ? o nos corrige incluso nuestro comentario en un informe (recientemente un veterinario me advirtió sobre casos de metástasis en meningiomas), hasta casos en que nos preguntan sobre un posible tratamiento: –¿ puedo darle córticos ? o –¿ es bueno o es malo ? Este abismo en las preguntas viene a ser como si a un calculista de estructuras los arquitectos le pidiesen informes que variasen desde –¿ cuál es la flexión del forjado ?, hasta –¿ qué te parece el acabado de la fachada ?

Porqué hay tanta variabilidad ?  Quizás se entienda mejor con algunas preguntas habituales:

¿ Porqué habla el informe de hipersensibilidad si el animal no se rasca ?

¿Porqué es importante valorar mutaciones en un mastocitoma ?

¿Porqué el informe sugiere que es una infección si un cultivo microbiológico ha resultado negativo tras tres días de incubación ?

¿Es una Enfermedad Inflamatoria Intestinal ?

-¿Cómo puede ser que el animal esté vivo tras un año si diagnosticasteis linfoma ?

¿Es un problema inmunomediado ?

         Puede que no lo parezca, pero ninguna de estas preguntas tiene su respuesta en la Anatomía Patológica. Algunas abarcan la inmunología, otras la biología molecular, e incluso alguna es eminentemente clínica. Ahora bien, si el patólogo ha hecho el informe es razonable que las deba responder. Y además, también es verdad que por nuestra condición, los patólogos estamos forzados a dar estas respuestas porque nuestra especialidad conlleva tener unos conocimientos que van más allá de la patología (muchos conocemos el desafortunado dicho sobre internistas, cirujanos y patólogos). Sin embargo, la cuestión es que creo que, en la mayoría de casos, estas mismas preguntas también debería poder responderlas cualquier veterinario que no sea patólogo porque las respuestas en la mayoría de casos están en nuestra propia formación médica común. Y mantener una formación continuada durante toda la vida es que lo que se espera de un profesional dedicado a la sanidad.

No hace mucho, tras un congreso de medicina interna, recibí un correo de un veterinario en el que me comentaba: –Felicidades por la comunicación. Fué muy interesante, aunque el nivel un poco alto para el veterinario de a pié. Me sentí incómodo de que se considerase como un “veterinario de a pié”. Puede que nos diferencie la experiencia, pero la información a la que podemos acceder es para todos la misma (los patólogos también son veterinarios de a pié) Aún así, sabiendo que la comunicación iba dirigida a clínicos, había intentado evitar emplear cualquier término raro propio de la patología (p.e. touton, splendore hoeppli, anoikis, emperipolesis,….) y usar una terminología propia de Anatomía Patológica General (p.e. necrosis, isquémia, congestión, …). Pero la cosa no funcionó como yo esperaba: –Muy interesante, pero….muy denso, me comentó otro veterinario al salir. La misma sensación me produjo la charla que tuve hace poco con otro veterinario que me agradeció las explicaciones tras comentarle la utilidad de determinar la presencia de mutaciones en un mastocitoma. Si tratamos habitualmente los mastocitomas con fármacos que inhibiben un receptor mutado, no deberíamos saber primero que el receptor puede o no estar mutado ?

Ejercer la práctica de la medicina veterinaria en un ámbito muy práctico como es la clínica no debería conllevar renunciar a conocimientos que, si bien no tienen aplicación a corto plazo, pueden ayudar a comprender mejor los casos clínicos, la acción de los tratamientos que aplicamos, a entender los mecanismos de enfermedad y evidentemente a sacar más partido de los informes anatomopatológicos. No es justo que alguien se considere “veterinario de a pié” frente a otro veterinario por la falta de un conocimiento que nos es a todos propio (otra cosa es la especialidad).

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Tony Johannot

Pero la reflexión no es sobre el nivel de formación que cada uno se exija sobre lo cual nadie puede opinar. En todas las profesiones hay quien se empapa más o menos de aquellos conocimientos que le son estrictamente necesarios. Gira entorno a como se enfoca la formacion continuada, y la sensación de que cualquier aspecto práctico en nuestra profesión se valora hoy en día más que uno teórico. La mayoría de ponencias en los congresos generalistas tienen un enfoque eminentemente práctico. Quizás para hacerlas más atractivas, los títulos de las comunicaciones ya se formulan directamente como preguntas prácticas (¿Cómo ayudo a mis pacientes en….?, ¿Se ha resuelto el problema….?, ¿Es realmente importante….?, ¿Y ahora qué,….?, ”Uso práctico de…, …..aspectos prácticos de…, “…funcionan ?). Las sesiones paralelas se ocupan en talleres prácticos. Cuando me propusieron dar hace poco una ponencia, me dijeron: –La idea es que hables de patología, pero ya sabes….que sea algo práctico. Y todavia recuerdo la perplejidad que causé hace años cuando propuse para un congreso clínico una ponencia sobre conceptos teóricos de imunopatología para explicar como se generan las enfermedades autoinmunes. Ya lo decía Fausto (“Gris es toda teoría y verde el árbol dorado de la vida”)

Está claro que “la teoría” no vende. La formación práctica es muy necesaria e irrenunciable, pero sigo pensando que es la teoría la que marca la diferencia, y aunque no parezca muy popular, seguiré pensando que un poco de teoría nos puede ayudar a hacer nuestro trabajo algo mejor. Y a mí me seguirá pasando con “algo práctico” lo mismo que le pasaba a Juan Cueto con “marco incomparable” (Sergi Pàmies sobre una reseña de Yo nací con la infamia, Anagrama): “Cuando oigo la expresión ‘marco incomparable’ desenfundo velozmente el mando a distancia y disparo sin piedad contra la pantalla”.

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